El proyecto de acuerdo por medio del cual se pretende adoptar la revisión general y los ajustes al PBOT de Mocoa, fue radicado ante el Concejo Municipal el pasado 14 de agosto.

Pensemos por un momento a Mocoa como lo que en la práctica es, el lugar en el que habitamos, y en el que después de la tragedia ocurrida en 2017, aprendimos con dolor, o al menos deberíamos haberlo hecho, que no podemos construir ni vivir en cualquier lugar de este territorio.
En ese sentido, el Plan Básico de Ordenamiento Territorial, en cuya actualización se viene trabajando hace poco más de 10 años desde la Administración Municipal, es ese mapa de ruta que define cómo vamos a habitar este territorio sin poner en riesgo la vida, durante los próximos doce años.
Y hablar de ordenar un municipio no se trata simplemente de trazar calles, levantar edificios o delimitar en mapas el territorio. En el centro de cualquier Plan Básico de Ordenamiento Territorial (PBOT) —y con mucha más razón en un lugar como Mocoa ubicado en pleno piedemonte amazónico— late su verdadero motor: la sustentabilidad. En palabras sencillas, la sustentabilidad no es más que el pacto de inteligencia y respeto que hacemos para vivir bien hoy, sin dejar sin recursos, sin agua y sin futuro a las generaciones que vienen detrás de nosotros.
En un territorio como Mocoa, esto debe traducirse en decisiones vitales como definir zonas de protección que frenen los procesos de deforestación, salvaguarden las rondas de los ríos, y ordenen el crecimiento urbano y productivo sin asfixiar la naturaleza. Porque a fin de cuentas, un territorio sustentable y bien ordenado es el mejor escudo contra los desastres.Ahí radica la importancia de contar con un PBOT actualizado, que refleje la realidad que se vive hoy en la Mocoa Rural y Urbana, asuma los retos, pero que también corrija errores presentes y pasados; y evite enormes problemas futuros.
Hay que apropiarse del PBOT
Dicho esto, es preocupante que en el Cabildo Abierto al que fue convocada la ciudadanía de Mocoa por espacio de tres días, por el Concejo Municipal, para escuchar sus inquietudes y aportes frente al mismo, la participación no haya sido mayor a las 150 personas por jornada. Porque es que esa mirada desde las comunidades, escuchada durante tres días consecutivos, debe ser tenida en cuenta y sus aportes escuchados, revisados e incorporados en el proceso de estudio y revisión del documento, que tendrán que hacer en las semanas siguientes los Concejales.

Un documento en el que según más de 90 personas que intervinieron durante el Cabildo Abierto a nombre propio, de organizaciones sociales y ambientalistas, sectores comunales, extractivistas e institucionalidad nacional, se evidencian enormes vacíos de carácter técnico y normativo, que de no resolverse, pondrían en serias dificultades la implementación del PBOT, por eso es urgente que como ciudadanos, comprendamos la importancia que un buen Plan Básico de Ordenamiento Territorial tiene para nuestro futuro a corto y mediano plazo y hagamos el esfuerzo por conocerlo, revisarlo, entenderlo y cuestionarlo, si consideramos que no está bien o que hay cosas que debieron estar y no están.
Garantizar el respeto de las zonas de amortiguación en las rondas de ríos y quebradas; evitar el asentamiento de comunidades en las zonas de riesgo para evitar futuros desastres; generar verdaderos corredores ecológicos para proteger los ecosistemas; verificar la disponibilidad del suministro de servicios públicos de acuerdo con el crecimiento proyectado en la zona urbana; recuperar el espacio público en los andenes, parques y zonas verdes; asumir el desarrollo de Mocoa, acorde con su vocación de ciudad amazónica; entender e impulsar la vocación agroecológica de la ruralidad en el municipio de Mocoa, como una manera de garantizar la seguridad alimentaria; frenar el avance de la explotación de minerales en zonas de recarga hídrica, son algunas de las solicitudes realizadas por la ciudadanía en desarrollo de este Cabildo Abierto.
A estos aspectos se sumó uno que continúa generando una tensión importante entre los grandes proyectos mineros y un amplio sector comunitario de Mocoa que pide el respeto estricto por las áreas delimitadas como de vocación ecológica, agrícola y de protección ambiental del municipio, argumentando que la megaminería metálica va en contravía de los objetivos del PBOT; recordando y exigiendo igualmente la prohibición de actividades de minería de metales y gran minería en la jurisdicción de Mocoa, buscando blindar las microcuencas y el suelo municipal frente a la fase de exploración y explotación, expresada en el acuerdo 020 de 2018. Una exigencia que además se ampara en mandatos nacionales que consideran a la Amazonía como sujeto de derechos (Sentencia 4360).
Así, mientras las comunidades y defensores ambientales exigen que las directrices locales de ordenamiento territorial y protección ecológica primen sobre los títulos otorgados por la Agencia Nacional de Minería (ANM), la empresa y los sectores partidarios del proyecto argumentan los vacíos jurídicos y las limitaciones legales que tienen los entes territoriales para prohibir actividades de interés minero-energético nacional declaradas por el Estado.
El rechazo de las comunidades y organizaciones ambientales no apunta únicamente a una empresa en particular, sino que cuestiona un modelo de desarrollo extractivista que históricamente ha tensionado la vocación ecológica, hídrica y de protección de la Amazonía en el territorio.
Desde lo legal, el cabildo abierto es una garantía de procedimiento y un canal de expresión. Pero desde la práctica, su verdadero alcance radica en ser una herramienta de presión política y legitimidad social, que en un municipio como Mocoa, en donde la memoria de la tragedia de 2017 y las tensiones del piedemonte amazónico están a flor de piel, puede marcar la diferencia entre un PBOT pensado desde lo técnico de manera estricta y en cierta medida impuesto, a uno que obligue a los gobernantes a negociar con las realidades del territorio.